Una carta para el Niño Jesús puede ser un solo dibujo.
En la hoja hay una excavadora grande, un árbol pequeño y unas letras apretadas en una esquina. La carta está lista. Los niños pueden dibujar, dictar o escribir a su manera mientras los ayudas a contar qué esperan con ilusión.

Deja que el dibujo sea la carta
Pon una hoja y unos lápices al alcance del niño y pregunta qué le gustaría contar. Puede hablar de un juguete, de cocinar juntos o de ver a alguien. Si quiere dibujar, deja que el dibujo sea la carta; no necesita copiar una lista ni escribir antes de saber hacerlo.
Anota sus propias palabras
Si te dicta, anota sus propias palabras y léelas para que pueda cambiar algo. No conviertas «quiero nieve» en una explicación larga. Un nombre o un saludo al principio puede bastar para dejar claro a quién va dirigida.
Elijan dónde dejarla y guardarla
Elijan juntos dónde dejarla según su costumbre: junto al árbol, en una ventana o en un sobre. Puedes guardar una foto para la familia sin publicarla. Si después el niño pregunta si recibirá todo, explica que una carta cuenta deseos y que los adultos eligen lo que pueden regalar; escribirlo no es una promesa de entrega.
Si después cambia de deseo, no hace falta corregir la carta como un formulario. Puede añadir un dibujo pequeño o contarte qué cambió. Pregunta si quiere conservarla. Años después, sus palabras y dibujos pueden ser el recuerdo más interesante, sin una versión corregida por un adulto.


